David Calvo

Me importa una mierda

Este artículo es un pequeño resumen y mi propia interpretación del libro The Subtle Art of not Giving a Fuck de Mark Manson (www.markmanson.net).

Cuando tenemos demasiadas preocupaciones, cuando elegimos preocuparnos por todo, nos sentimos con derecho a estar siempre bien y felices en todo momento. Entonces es cuando la vida nos da por saco.

La habilidad de preocuparse sólo de aquellas cosas realmente importantes es clave para vivir bien

Desarrollar la capacidad de controlar y administrar nuestras preocupaciones es la esencia de la fuerza y la integridad. Con los años, iremos priorizando y aprendiendo a preocuparnos sólo de lo que realmente importa.
Esto puede sonar fácil. Pero no lo es. La mayoría de nosotros, la mayoría de las veces, nos dejamos absorber por las trivialidades de la vida. Vivimos de drama en drama y de distracción en distracción.

No se trata de pasar de todo, de ser indiferentes. Se trata de estar bien cuando las cosas no son como quisiéramos

La gente que es indiferente suele ser estúpida o cobarde. Muchas veces, una mezcla de ambas. Es habitual que la indiferencia oculte miedos e inseguridades. Nunca nadie indiferente hizo nada grande, recuérdalo.

La clave no es ser un despreocupado o un pasota.

La clave es preocuparse –y ocuparse– de aquellas cosas realmente importantes.

Si te traen un té algo más frío de lo normal, si hay un atasco en la carretera, si un simpático mozo está ocupando la máquina del gimnasio que querías usar mientras chatea por whatsappo si tienes un triste resfriado; ¿crees que son motivos reales para preocuparte, lloriquear y dedicarle tu tiempo y tu energía? Si tienes que hacer algo, hazlo. Pero deja de preocuparte por gilipolleces.

Para no preocuparte por la adversidad, tienes que preocuparte por cosas más importantes que la adversidad

El problema de la persona que se preocupa porque su helado se está derritiendo es porque no tiene preocupaciones más grandes que su helado.

Si te encuentras constantemente preocupado acerca de estúpidas trivialidades como la nueva foto de Facebook de tu ex novia, los likesde tu última publicación de Instagram, la poca batería que tiene tu móvil o que tu camiseta favorita que esperaste a que la rebajaran ya no está (haberla comprado antes), es que realmente no estás haciendo nada importante con tu vida. Ese es tu verdadero problemay no la batería de tu iPhone.

Todos tenemos un número limitado de preocupaciones. Pon atención dónde y a quién le das tus preocupaciones

Cuando somos jóvenes, tenemos toneladas de energía. Todo es nuevo y emocionante. Todo parece importante y por tanto, tenemos un montón de preocupaciones. Nos importa lo que digan y piensen de nosotros, si vamos suficientemente guapos para ir a la biblioteca a estudiar, si nos ha escrito fulanito por whatsapp o si nuestra madre nos habrá hecho macarrones con queso o verdura para cenar podrá ser un drama.

A medida que nos hacemos mayores y ganamos experiencia, notamos que muchas de esas cosas van perdiendo sentido. Las opiniones de mucha gente simplemente nos dan igual. Nos damos cuenta de lo poco que la gente se fija en los detalles superficiales sobre nosotros y nos enfocamos en hacer las cosas más por nosotros mismos que por los demás. Nos volvemos más selectivos sobre nuestras preocupaciones. A esto se le llama madurez.

Entonces, a medida que envejecemos y entramos en la mediana edad, algo más comienza a cambiar. Nuestros niveles de energía caen. Nuestra identidad ya ha sido forjada. Sabemos quiénes somos y ya no tenemos el deseo de cambiar lo que ahora parece inevitable en nuestras vidas.

Y de una manera extraña, esto es liberador. Ya no tenemos que preocuparnos por todo. La vida es lo que es y la aceptamos.

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