David Calvo

Dar valor vs Tomar valor

Cualquiera que entienda un poco de marketing sabrá que para poder vender un producto o servicio este debe dar valor al potencial cliente. En caso contrario, este no lo comprará.

Con las relaciones sociales ocurre lo mismo. Todos hemos ido a tomar un café con un buen amigo, hemos estado charlando un rato y ¡wow! Al despedirnos notamos como un chute de energía recorre todo nuestro cuerpo. Nos sentimos llenos, contentos y optimistas. Es posible que el resto del día vaya todo bien como por arte de magia.

En cambio, también nos hemos encontrado con esa persona que sólo con sus palabras o incluso con su presencia, nos drena. Nos deja sin energía, de mal humor y con mal cuerpo.

La primera persona nos aporta valor, la segunda nos lo quita.

¿Pero qué es el valor?

En este contexto el valor son los recursos. El tiempo, la energía, el estado anímico; pero también lo son el dinero, el sexo, la compañía, la confianza, etc.

Valor es todo aquello que percibimos como potencialmente positivo para nosotros.

A todos nos gusta tener valor, pero ¿eso quiere decir que somos valiosos? No exactamente.

Tener valor no es tanto tu propia disponibilidad de recursos, como la capacidad de ofrecerlos al resto del mundo sin esperar nada a cambio.

Ahí está el quid de la cuestión y la paradoja.

Al contrario de lo que podría parecer lógico, ofrecer valor no nos resta valor propio, nos suma.

Tomemos un ejemplo. Imaginemos que antes de entrar a trabajar siempre vamos al mismo bar a desayunar y nosotros siempre sonreímos al barman y le deseamos una buena mañana, de forma desinteresada y totalmente auténtica. Nos importa esta persona y deseamos que esté bien.

Ahí ya hemos aportado nuestro granito de valor al mostrar interés genuino sin esperar nada a cambio. Ya hemos hecho nuestra parte y tenemos una recompensa inmediata: nos sentimos más contentos y estamos de buen humor. Es decir ha aumentado nuestro caudal de energía positiva. Así que podríamos dar por zanjado el asunto.

Pues curiosamente, es muy probable que la historia no acabe aquí. No sería raro que un día el barman nos invite al café, nos dé alguna información relevante o nos ayude de alguna manera.

¿Qué hubiera pasado si en vez de sonreír y desear unos buenos días nos hubiéramos dirigido a él de forma tosca y antipática? Quizá nada o quizá el servicio hubiera empeorado y seguro que el barman no hubiera tenido jamás un detalle con nosotros.

¿Entonces la clave es aportar valor y esperar a que los demás nos correspondan?

No. Si esperamos algo a cambio, ya no estamos aportando valor, estamos tratando de hacer un trueque o muy probablemente estamos tomando valor de forma encubierta. Somos aquél cliente malhumorado que ni saluda, ni sonríe. Aunque aparentemos ser el cliente sonriente y amigable.

Estamos programados para esperar recompensas por nuestros actos. Si yo trabajo, espero un sueldo, si saludo, espero una respuesta, si un día te ayudo, espero que el próximo día me ayudes tú, si te digo algo bonito, espero palabras parecidas.

De hecho si todos funcionáramos así el mundo iría mucho mejor.

Pero la realidad es otra.

Socialmente tenemos mucho y somos poco.Tenemos los mejores coches, ordenadores, teléfonos e infinidad de cacharros más o menos útiles. También tenemos cuerpos atléticos, dinero, fama y prestigio. Pero por lo general, no somos felices. Algo va mal.

Volvamos al tema que nos ocupa: Dar valor.

Es sencillo de entender y no tan fácil de aplicar.

Muchas barreras nos impedirán dar valor. Pero hay una que, una vez se va disolviendo o se aprende a lidiar con ella, todo se vuelve mucho más sencillo.

Ego

Para la psicología, el ego, es la instancia psíquica a través de la cual el individuo se reconoce a si mismo y es consciente de su propia identidad.Hasta aquí todo correcto.

El problema viene cuando el ego distorsiona la realidad ‘o se siente atacado’. Digo se siente, porque el ego no somos nosotros, es la percepción –muchas veces distorsionada– de nosotros mismos.

Y este, muy ladino él, para protegerse, usa estrategias poco éticas como la de robar valor a los demás. Así, en una falsa comparación, saldría ‘ganador’.

¿Cuantas veces hemos visto a personas tratando de pisar a los demás de una o otra manera? Muchas. Algunas sutiles y otras descaradas. Tanto el pisador como el pisado son conscientes de la situación o como mínimo la sienten.

¿Tu jefe te hace sentir seguro en tu trabajo, respetado y apreciado? Tu jefe te está aportando valor.

Por el contrario, ¿te inspira miedo, inseguridad y no te sientes valorado? Es probable que tu jefe sea un vampiro y te esté robando valor.

¿Quién tendrá más trabajadores contentos, proactivos y dispuestos a esforzarse de buena gana para que la empresa tire adelante? Sobran las palabras.

Y me dirás, ¡hey! Pero hay gente que tiene muchas cosas (dinero, fama, sexo, etc) y no ofrece valor, más bien se pasa la vida pisoteando al resto.

Sí, los hay. Pero por mucho que se emperren en hacernos creer lo contrario, no son felices. ¿Que cómo lo sé? No hay que ser un lince para ver a mucha gente de éxito que no ofrece valor alguno, engancharse a las drogas, fracasar estrepitosamente en sus relaciones amorosas o desarrollar enfermedades relacionadas con el estrés y malos hábitos de vida.

Compruébalo

Haz la prueba durante un día. Ofrece el máximo de valor que puedas a todo el mundo. Y diviértete con ello. Poco a poco, lo harás sin esfuerzo y cada vez te apetecerá más hacerlo.

De hecho, te sugiero que pruebes varios días ya que muy probablemente seas un poco patán al principio al tratar de ofrecer valor a diestro y siniestro.

Sonríe, da las gracias, cede el paso, hazle la cena a tu pareja, cómprale una postal a tu jefe que diga ‘eres el mejor jefe del planeta tierra’ (sólo si crees que se lo merece), abraza a alguien que lo necesite… Y NO BUSQUES NADA A CAMBIO. Sólo haz y deja que el mundo siga girando. Si realmente consigues desapegarte y dar valor de forma auténtica, te sorprenderás gratamente de cómo tu entorno cambia como por arte de magia. Las personas serán mucho más positivas, estarán dispuestas a echarte un cable y más, mucho más. Simplemente ocúpate de dar valor y olvídate del resto.

Cuanto más valor des, más fácil te será y más valioso serás (sin pretenderlo).

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